Se despierta. Oye la voz del presentador de TV Madrid, son las 10:36 del domingo 8 de Junio de 2041. Es un día de merecido descanso tras una ajetreada semana en el nuevo edificio de la avenida España, ajustando y corrigiendo los últimos detalles de su primera edificación. Héctor estaba contento porque tenía un gran proyecto en el que trabajar, el primero tras abandonar de la universidad.
Se levanta y se prepara el zumo natural de naranja diario acompañado por la lectura del periódico que le dejan todas las mañanas en el portal. Le duele la cabeza, en su zona parietal derecha, más de lo que le había dolido días atrás, piensa que es debido al estrés del trabajo y, tomándose un ibuprofeno, hace lo posible por quitarle importancia.
Regresa a casa antes de lo previsto con un dolor de cabeza muy fuerte, no podía continuar. Héctor empieza a preocuparse al ver que los fármacos no le rebajan el dolor. Súbitamente empieza a ver borroso, como si tuviese los ojos cubiertos de agua. Nota que le empiezan a flojear las extremidades y decide llamar al 061 para que vengan los servicios médicos, pero antes de poder marcar el número se desvanece.
A Héctor le mueven y consigue observar como un robot articulado volador con una cruz roja en su base entra por la ventana y lo prende con sus tres brazos articulados. Todo se vuelve oscuro. No se da cuenta, pero es depositado en la UCI de un hospital.
Tras la crisis del 2024, la sanidad pública redujo drásticamente los gastos y la calidad no es la de otros tiempos. El trato del personal médico es nefasto. No dan respuestas a las preguntas histéricas de Héctor. Lo llevan a una sala llena de instrumentos en forma de gorra de golf para realizarle un TAC cerebral. La prueba dura pocos segundos.
Héctor tiene un tumor cerebral terminal. Los médicos le aseguran que le quedan seis meses escasos de vida. Pero lo sorprendente es que el tumor no es normal sino que está originado por un microorganismo desconocido muy contagioso. Se trata de una bacteria superresistente a los antibióticos que parece pulverizar el ADN del hospedador en puntos clave. Los protooncogenes que tardarían años en dañarse espontáneamente, se desmoronan en minutos por la toxina que libera la bacteria.
Se toman medidas extremas. Héctor es encerrado en una sala hermética del hospital, para aislarlo del resto de enfermos.
El intento de aislamiento no funciona, el número de casos de ese tipo de tumor cerebral alcanza pronto proporciones epidémicas. Comienzan a registrarse muertes fuera de España. La OMS declara nivel de pandemia mundial. La gente atemorizada se refugia en sus casas ante el avance implacable de la enfermedad.
Pero Héctor aún sigue vivo mientras ve morir a todo el mundo a su alrededor. Su cabeza posee un abultamiento monstruoso, pero milagrosamente su tumor le ha hecho desarrollar nuevas capacidades mentales. Los sorprendidos galenos exploran su cabeza una y otra vez.
Después de dos meses del inicio del brote y con tres cuartas partes de la población mundial muerta, se llega a la conclusión de que Héctor está equipado con un gen gracias al cuál ha conseguido convivir en simbiosis con la bacteria.
Héctor era de Binéfar, un aragonés. Los científicos inmediatamente observan que la mayoría de los infectados aragoneses subsisten. El gen procedía de la cuenca del Ebro. Una mutación que confiere cierta inmunidad al portador dando lugar a la superraza aragonesa. La última esperanza de la especie humana.
Cinco años después de ese maldito 9 de Junio conocido como IFH “Inicio del Fin de la Humanidad” Todos los supervivientes se han trasladado a Zaragoza, ciudad que se ha convertido en el principal núcleo de población mundial. Todos los posthumanos, portadores de cabezas deformadas y grotescas, sobreviven bajo el nuevo orden dictado por Héctor, el primer superviviente del microorganismo “vivae aragonaquia”, el poseedor de la cabeza más grande del mundo, la mayor inteligencia de todos los tiempos.
La naturaleza había querido dar otra oportunidad a la humanidad, fundiéndola en simbiosis con todos los organismos del planeta. Pero en 2864, nadie se esperaba lo que ocurrió al hombre cuando…